Dom. Sep 13th, 2020
    el economista de pueblo

    El ECONOMISTA DE PUEBLO

    No hay día que pase que no se envíen mensajes a la población sobre la economía del país. Informes económicos, macroeconómicos, predicciones y a saber cuántos adjetivos se le pueden poner a la actual situación económica.
    Desde los organismos gubernamentales, organizaciones financieras y empresariales, hasta el economista del pueblo, todos hacen las mejores valoraciones sobre la economía, aunque ninguno de ellos coincide en sus análisis. Cada uno barre para casa.

    Los organismos oficiales, desde su responsabilidad de gestores públicos, porque están obligados a transmitir un mensaje de tranquilidad y esperanza en que la economía va bien y probablemente vaya a mejor en años venideros, y se acabe con los graves problemas del país y de la zona euro. Todos vamos a ganar.

    Las organizaciones financieras y empresariales, porque van de la mano del gobierno de turno y no conviene alarmar a la población según qué momento sea conveniente para sus intereses.Los economistas de renombre, porque tienen que mantener su estatus de que sus predicciones son las correctas y lo demuestran con informas que ni ellos mismos entienden.

    Y el economista de pueblo, este sí que acierta, porque su análisis es verídico y demostrable. Él no se enreda en informes bursátiles ni nada por el estilo. Demuestra y sabe a ciencia cierta cuantas empresas y comercios de su ciudad se han cerrado, cuantos trabajadores se han quedado en paro, cuántos de estos trabajadores y sus familias pasan necesidades, cuantos niños van cada día al colegio sin desayunar, etc., etc.

    Conoce perfectamente la realidad diaria de los habitantes de su ciudad, porque son sus vecinos, los conoce, y es tristemente consiente del trauma y la desesperación que se apodera de todos ellos al no ver ninguna salida a la dramática situación que están viviendo.

    Este economista al que todos tienen por tonto e ignorante, no trabaja para ningún organismo oficial, ni para un lobby de inversión, ni en ninguna gran empresa. No hace su análisis sentado frente a potentes ordenadores, utilizando el ultimo software en gestión y análisis económicos.

    Él trabaja a pie de calle y sabe exactamente a cuantos hogares les han cortado el suministro eléctrico, cuántas familias viven con pavor la orden de un desahucio, cuantas personas dependientes no pueden salir de sus casas y tener los cuidados básicos, porque le han quitado las prestaciones sociales, etc., etc.

    Y por conocer, conoce perfectamente el sueldo que cobra su alcalde y el salario de los concejales, y además conoce exactamente el tanto por ciento de incremento salarial que ellos mismos se han concedido, las obras que han licitado y sus correspondientes cuantías, las reales y las superfluas, mejoras para la ciudad, fiestas y eventos, etc. , etc.

    Y sin embargo, no conoce al alcalde, y nunca hablo con él, ni a los concejales, nunca vio a ninguno de ellos a pie de obra cuando se ha asfaltado, pintado o arreglado una calle o parque de la ciudad. Pero si conoce exactamente a la hora que se levanta su vecino para buscar trabajo, recoger, pintar, rebuscar, vender, solicitar y hasta implorar ayuda con tal de llevar algo a su casa para que sus hijos no pasen necesidades.

    A este economista sencillo y humilde, no se le sube el ego cuando finaliza su informe sobre la economía de su ciudad, que bien pudiera ser cualquier ciudad de este país. Ni se vanagloria de la exactitud de su conocimiento, más bien todo lo contrario. Siendo consciente de la cruda realidad, el sentimiento de rabia e impotencia se apodera del raciocinio más frio y calculador, y no puede por mas, que finalizar su informe, con ira y dolor, con una frase dirigida a los responsables que gestionan la economía del país. “Son ustedes Piratas, nada más que Piratas.”

     

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